Tratamientos faciales

Mesoterapia con micropunción. Envejecimiento cutáneo. Lifting cervicofacial. Blefaroplastia. Lifting frontal endoscópico. Rinoplastia. Botox. Peeling. Relleno de surcos y arrugas.

Botox

Botox es el nombre comercial para la toxina botulínica tipo B, producida por el microorganismo Clostridium Botulinum. Dicha toxina tiene la propiedad de producir una parálisis muscular mediante el bloqueo de la conducción en la placa neuromuscular.

El uso en medicina de dicha toxina comenzó para revertir espasmos musculares, en particular para estrabismos, y para tics nerviosos. Su uso se fue ampliando, y ahora se aplica en muchísimas circunstancias para tratar diversas patologías.

En medicina estética su uso se implantó para tratar aquellas arrugas que están directamente producidas por un espasmo muscular. Estas son: las arrugas horizontales, las verticales glabelares, las horizontales en la raíz nasal, las patas de gallo, y algunas otras localizaciones (estas últimas con resultados menos estandarizados). Con el paso del tiempo, el uso de la toxina se generalizó tanto que se comenzó a emplear en circunstancias que no aseguraban totalmente su manipulación y uso correctos, por lo que oficialmente se prohibió su uso para fines estéticos.

Recientemente, su uso ha sido aprobado de nuevo, si bien bajo otro nombre comercial, y en circunstancias controladas, limitándolo a uso en clínicas autorizadas, a la vez que se limita su uso por zonas anatómicas. En concreto y de momento, sólo está autorizado su uso en las arrugas glabelares.

La toxina botulínica se inyecta intramuscularmente en el vientre de los músculos corrugadores, anulando su contractura forzada, y eliminando por completo la aparición de arrugas verticales en el entrecejo. Las dosis ínfimas de la toxina aseguran casi por completo la inocuidad a nivel sistémico, y las complicaciones locales son también excepcionales. El efecto se instaura en unos días, y es muy efectivo. Su única pega, es que el efecto es limitado en el tiempo, y aunque es altamente variable, se acepta que dura 6 meses. Por fortuna, en ese plazo el tratamiento se puede repetir, y de hecho con el paso del tiempo, los músculos afectados se van atrofiando ligeramente, por lo que cada vez se pueden espaciar más las sesiones. Con el tiempo, es de esperar que el uso de la toxina sea ampliado a otras zonas, a medida que se vaya asegurando la seguridad de este tratamiento.